es la hora de la misión > artículos de opinión > ¿Adónde quieres que vaya? | ||
En la ciudad de Valledupar, Colombia, tenemos una misión desde hace trece años. El cambio que noté al llegar fue bastante grande. Colombia no es un país de extrema pobreza, como pueden ser algunos países de África, pero sí que necesita progresar y evolucionar en muchos aspectos. Mientras que en Europa existe la “sociedad del bienestar”, donde la mayoría tiene lo que necesita, en Valledupar lo normal es que muchas personas al levantarse no sepan si tendrán para comer y tengan que realizar trabajos de subsistencia para conseguir el pan del día. La violencia es otro problema que atenaza a la sociedad, creando gran cantidad de desplazados, especialmente agricultores que, amenazados, dejan sus tierras para buscar seguridad en la ciudad, generando así más sectores de pobreza. Pero, ¿qué es lo que me mueve a salir de mi país, donde he cursado unos estudios superiores, tengo un trabajo seguro y un futuro, para venir a Colombia? Conocer el amor de Cristo me hace descubrir que mi vida y todo lo que pueda hacer con ella, por bueno que sea, carece de sentido si no está fundamentado en Dios. Por eso, para mí, lo más importante no es vivir en una u otra parte del mundo, más rica o más pobre, ser importante o desconocido, sino que aquello que haga esté en los planes de Dios, cosa que se me manifiesta a través de la comunidad de fe en comunión de Iglesia. Desde que Dios se hizo presente en mi vida, mis proyectos de futuro, mis anhelos han pasado a segundo término, porque descubro la felicidad en el pasar de los días, vividos como Él quiere. La tarea de nuestra comunidad en esta ciudad, cercana al Caribe colombiano, al pie de una sierra de casi 6.000 metros, y de bellos paisajes, es poner al alcance de las personas una formación cristiana y humana. Desde el inicio de nuestra misión estamos construyendo, en sendos barrios periféricos de la ciudad, dos centros de culto y formación humana y espiritual –que pronto serán parroquias– gracias principalmente a donativos. Nuestro empeño se concreta en intentar engendrar algo muy importante para la vida de la Iglesia: la comunidad cristiana. En ésta, a pesar de ser pobre, si vive según el Mandamiento Nuevo de Jesús: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Jn 13,34) y pone sus bienes en común, aunque sean pocos, se pueden constatar verdaderos milagros y los regalos se multiplican; ¡cuántas veces hemos visto repetirse el pasaje de los cinco panes y dos peces! La clave para ello: permanecer unidos en Su amor. Hacer que los cristianos puedan vivir y compartir su fe, sus dones, sus experiencias, sus necesidades, sus alegrías, sus tristezas, con otras personas, y así la presencia de Jesús se exprese de manera bien concreta en sus vidas, porque: “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20). Es importante el progreso en la cultura, no sólo la que proviene de los estudios, que son muy necesarios, sino también, y sobre todo, la cultura que va a la esencia de las cosas, a la verdad, para hacer progresar, sabiendo dar a cada persona lo que necesita, sin dejarse llevar por falsas seguridades, paternalismos u otros falsos sentimentalismos. Al fin y al cabo me he dado cuenta de
que lo importante no es vivir en España o en Colombia, y que el
problema del hombre es el mismo en todas las partes: buscar y gozar de
la felicidad. Esto es lo que el fundador de nuestra comunidad, Francesc
Casanovas, que partió hacia la Casa del Padre en julio del año
2002, nos quiso transmitir: que fuéramos hombres y mujeres normales,
tal y como Dios nos ha pensado, y así, desde el Hombre Nuevo según
san Pablo, ser sabios, libres y felices. Espero poder seguir contando
con las fuerzas del Señor para decirle: “¿Adónde
quieres que vaya?”. José Rábade Fernández
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