es la hora de la misión > artículos de opinión > ser lo que Dios quiere... | ||
Una opción por los pobres Cuando me han propuesto escribir estas líneas ha resonado dentro de mí lo que acababa de leer hacía unos instantes. No soy muy devoto de los santos, no me va esa veneración a veces cuasi-mágica que se les tiene y esa exageración de sus virtudes olvidando sus, seguro, muchos defectos. Sin embargo, en la oración de la mañana en la Iglesia del Carmen en este Congreso Nacional de Misiones en el que estamos, no he podido evitar que me impresionase la mirada de Santa Teresa de Lisieux que aparecía en las fotografías que colgaban de las paredes del templo. Y he comprado el libro “Historia de un alma” que contiene sus manuscritos. Dice Sta Teresa al inicio de su primer manuscrito que siempre se preguntaba por qué ella había sido tan agraciada con el amor de Dios y no así tanta otra gente. Yo me he preguntado muchas veces lo mismo. Teresa se respondía que cada cual aproveche lo que ha recibido y que “la perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que quiere que seamos”. Al acabar mis estudios en el colegio de los Escolapios de Bilbao, me pregunté cuál era el sentido de mi vida. Nunca había aflorado al exterior mi relación con Dios aunque desde los 12 o 13 años la oración-conversación con Él había sido algo cotidiano. Creía, con esa competitividad con la que afrontaba los estudios, que para sacar un sobresaliente al final de mi vida no me quedaba más remedio que ser sacerdote. Pero no lo veía claro, sobre todo el celibato. Sí veía claro que Jesús hizo una nítida opción por lo pobres y eso sí me convencía. Un franciscano me dijo un día que lo primero es seguir a Dios y que ser sacerdote o laico era secundario, que cada cual tiene su camino. De hecho deje medicina para estudiar teología con la idea de, al siguiente año, ir al seminario de los Padres Blancos en Madrid. Pero no fui. Sentí que ser laico comprometido en este momento histórico y eclesial podría ser la llamada que Dios me hacía. Eso sí, también como misionero. Evangelizar con hechos y actitudes Amaia, en ese tiempo mi novia, terminó la carrera de Bellas Artes y yo la de Teología y nos ofrecimos para ir a Africa, pero las misiones diocesanas vascas solicitaron nuestra presencia en Ecuador. Nos casamos y a los dos meses tomamos el avión para compartir allí seis preciosos años de nuestra vida durante los cuales nacieron nuestros dos primeros hijos (ahora tenemos tres). Concretamente en Sta Rosa, provincia de El Oro, al sur de Ecuador aprendimos a mirar la realidad del mundo desde los ojos de los pobres formando equipo con otros seglares, presbíteros y religiosas del grupo misionero vasco. Al regresar me ofrecieron hacerme cargo
de la dirección de las misiones diocesanas en Bilbao. En mi diócesis
ya se empezaba a liberar a laicos comprometidos a tiempo completo para
responsabilidades en tareas pastorales. Laico y misionero. En el marco
de una Iglesia comunidad, todos los cristianos, y por ello los laicos,
estamos llamados a seguir a Jesús y consecuentemente a evangelizar
con nuestros hechos y actitudes. Ahora, a pesar de los contratiempos que
conlleva la llamada "crisis de los cuarenta” quisiera que mi
vida sirviera para transmitir el amor que Dios me ha brindado continuamente
y para contribuir con lo que pueda al avance del Reino de Dios con un
mundo más justo, humano y fraterno. Iñigo Iriarte
|
||
|