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Compartir de forma cercana la vida de la gente, en medio de unas condiciones de vida difíciles, carentes de todo, palpando diariamente el sufrimiento, y la injusticia y explotación de estos pueblos es una experiencia que te cambia la vida y te ayuda a vivir y valorar lo que tienes como un regalo de Dios. Trabajo en la evangelización y promoción humana, desde distintos aspectos, principalmente compartiendo la vida con las familias más humildes, son familias desplazadas de su lugar de origen que por superarse vienen a las ciudades fronterizas del norte del país, y se instalan con lo mínimo para sobrevivir, formando grandes colonias. En diez de estas zonas trabajamos una comunidad misionera de tres miembros, aprendiendo mucho de esta realidad. De ellos he aprendido que ser misionera es: tener el corazón “abierto 24 horas”; compartir sencillamente lo que eres y tienes, sin reservas; acoger con ternura a los más pequeños y con la misma ternura ir transformando a los “más grandes”; tener los pies dispuestos para salir al paso de cualquier necesidad; poder acariciar el rostro del que sufre, para llevar consuelo; mirar al mundo con ojos de bondad ; buscar lo positivo a pesar de todas las dificultades; vivir el “día a día” confiada en Dios Una experiencia única, en la que
Cristo, cada día, sale al encuentro, encarnado en los más
pobres y, personalmente, te va enseñando a vivir el Evangelio. Isabel Aguado Sánchez
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