es la hora de la misión > punto y final

D. Jesús de las Heras
Jesús de las Heras Muela
Coordinador de Comunicación
del Congreso Nacional de Misiones

Ahora, que ha concluido, feliz, fecunda y gozosamente el Congreso Nacional de Misiones, celebrado en la ciudad de Burgos, cuna misionera donde las haya, bajo el lema "Es la hora de la misión", se hace preciso decir una palabra final sobre el trabajo de comunicación realizado y otra de elogio y defensa -que ya sé que no hace falta- de las misiones y de los misioneros y misioneras. Y es que tras el Congreso de Misiones, es ahora más que nunca la "hora" de la misión.

Lo mejor de nuestra Iglesia

Resultaría obvio y hasta innecesario repetir que las misiones son uno de los sectores pastorales de nuestra iglesia más hermosos, más apasionantes, más interpelantes. Son tantas veces el mejor rostro de nuestra iglesia. Son el testimonio inequívoco de la fuerza de la vocación, de la valentía de la consagración, de la audacia de la entrega, de la tenacidad en la perseverancia, de las maravillas que Dios hace de las respuestas de los hombres.

Como es también suficientemente conocido y como este Boletín publicó en unos de sus números pasados, en la actualidad, veinte mil misioneros españoles se esparcen por los cinco continentes. La gran mayoría de ellos son consagrados y consagradas; en torno a dos mil son sacerdotes diocesanos; y cerca de un millar son laicos y laicas. Todos ellos evidencian la radicalidad del seguimiento y la generosidad de la ofrenda de sus propias vidas en favor de los demás. Son voz de los sin voz, pan de los sin pan, esperanza de tantos desesperanzados y marginados.

No les importan los miles y miles de kilómetros que les separan de sus familias y de sus gentes; no les importa encarnarse en culturas y sociedades tan distintas ni en asumir situaciones tantas veces de pobreza y de miseria, de enfrentamientos y hasta de guerra. Y es que llevan prendido en su corazón aquel "¡Ay de mi sino evangelizare!" y el sentido de sus vidas ya no es otro que la misión, que el anuncio, que el testimonio. Son caricia de Dios, ternura de su misericordia paternal a un mundo herido.

Amigos del alma en la misión

Entre los más de veinte mil misioneros y misioneras españoles se encuentran un buen puñado de grandes amigos -hasta amigos del alma- de quien esto suscribe, que tiene por honor y orgullo inmerecidos el haber compartido con ellos parte de nuestras comunes vidas. Además, en tres ocasiones, los he podido visitar detenidamente en la misión. Haré breve repaso de ellas.

En octubre de 1992, con motivo del V Centenario del Descubrimiento y Evangelización de América y de la IV Asamblea General del Episcopado Latinoamericano (el Celam), permanecí tres semanas en el barrio de Villa Mella, en Santo Domingo (República Dominicana) junto a dos extraordinarios misioneros del IEME, los catalanes Jesús Calm y Jordi Coll. Fue una de las más hermosas experiencias de mi vida sacerdotal y periodística. En uno de los poblados que atendían, en La Bomba, pude incluso bautizar. Allí, en Villa Mella y en aquellos paupérrimos y ubérrimos poblados quise abrir la besana de mi vida y ministerio a la siembra generosa y abundante de la misión.

En verano de 1995, durante cerca de un mes, estuve en Bahía, en la diócesis de Maracás, junto a cuatro sacerdotes misioneros oriundos de mi diócesis de Sigüenza-Guadalajara: Miguel Torres, Arturo Egido, Leandro Sánchez y Práxedes Santos. Con ellos entendí y aprendí el "día a día", el minuto a minuto, de la hora de la misión.

Con ocasión de la memorable Visita Apostólica del Papa Juan Pablo II a Cuba, en enero de 1998, regresé también a las misiones, concretamente con los Hermanos Capuchinos Luis Rodríguez Chillán y Sefarín Castell. Y, de nuevo, me llené de alegría y de esperanza al comprobar los duros y gozosos trabajos por el Evangelio.

Por otro lado, a lo largo de la década de años que vengo intentando servir a la Iglesia a través de la comunicación social, puedo garantizar que pocas informaciones y trabajos periodísticos me han resultado más edificantes y gratificantes que los relativos a las misiones, como ha ocurrido ahora con el Congreso Nacional de Misiones de Burgos.

La ininterrumpida cadena misional

Y es que nuestra historia misional española es tan fecunda y hermosa que debe encontrar la continuidad neceasaria. Nuestros veinte mil misioneros españoles son herederos de una riquísima tradición misional. Son los seguidores y continuadores de Francisco Javier, Toribio de Mogrovejo, Vasco Quiroga, José de Anchieta, Pedro Claver, Francisco Solano, Roque González, Pedro de Bentancour, Antonio Mª Claret, Ezequiel Moreno...

Esta cadena misional no puede detenerse ahora en nuestros actuales veinte mil misioneros. Necesitan dar el relevo, deben entregar el testigo, aunque permanezcan en misión. Por eso es la hora de la misión y todos estamos llamados a ser, de un modo u otro, misioneros.

Oremos, pues, por las misiones y pidamos al Señor esta hora de la misión sea también la hora del relevo misionero a fin de que nuestros misioneros y misioneras de España siguen escribiendo las más hermosas páginas de los anales de nuestra Iglesia.

Con este deseo, con este compromiso, con esta esperanza hemos servido en los últimos tres meses con alma, vida y corazón al Congreso Nacional de Misiones, gracias a la invitación realizada por Mons. Carlos Amigo y por Anastasio Gil. A ellos quiero agradecer su invitación y confianza. Deber de justicia es agradecer también el trabajo, generoso y entusiasta, de todo el equipo de la Oficina de Información e Internet de la CEE, equipo, a su vez, de la Oficina de Información e Internet del Congreso Nacional de Misiones. Y por citar un nombre que englobe también el de los demás sea éste el de Mari Carmen Ramírez Moreno.

Ha concluido el Congreso Nacional de Misiones. Finaliza hoy su servicio el Boletín "Es la hora de la Misión" mientras que la página web www.eslahoradelamisión.com permanecerá en Internet hasta finales de octubre porque sigue la hora de la misión. Y es que ahora más que nunca es la "hora" de la misión, la hora de los misioneros y misioneras que llevan por todos los rincones del mundo la "hora" y la gracia de Dios.

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