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D. Rafael PalmeroQueridos lectores de “Es la hora de la Misión”:

Quiero haceros partícipes con estas letras de una experiencia misionera vivida recientemente. Con un centenar de misioneros y misioneras, en su mayor parte palentinos, hemos convivido y hemos rezado en la 1ª quincena de julio. En Méjico y Perú, lugares de nuestro encuentro pastoral, siempre fraterno. Conmigo se ha movido día a día Vicente Moreno, Delegado Diocesano de Misiones. Nos hace mucho bien esta visita, a nosotros y a nuestras comunidades cristianas, repetían algunos.

Desde las alturas, en viajes aéreos y por campos desérticos frecuentemente y fértiles en ocasiones, hemos recorrido miles de kilómetros para acercarnos, en ciudades y ranchos escondidos a nuestros adelantados del Evangelio, sembradores infatigables de la semilla del Reino...

EN MÉJICO

Ha sido la primera etapa de nuestro periplo. En el aeropuerto nos recibieron los Heraldos del Evangelio, Félix García, Marista, José Rodríguez, Capellán del Hospital Español y con el que comimos dos días después, y una misionera seglar, Rosario. Tras saludar a la Lupita en su basílica, el lugar más concurrido por las peregrinaciones marianas, encontramos en el Distrito Federal –20 millones de habitantes- a hermanos y hermanas que conocer tanto el entorno como su lugar de origen: Maristas, Pasionistas, Religiosas de los Sagrados Corazones, Hermanitas de los Ancianos Desamparados, Teatinos astorganos... Alguno de ellos, nos lo ha asegurado, acaricia el deseo, así nos lo decía, de encontrarse ya más cerca del cielo que de su lugar de origen.

Desde allí viajamos al Santuario de la 5ª Aparición, en Tulpetlac, donde la Virgen curó a Juan Bernardino, tío de S. Juan Diego. Visitamos a los Operarios del Reino de Cristo. Las Siervas Guadalupanas de Cristo Sacerdote nos acogieron en su casa y nos acompañaron a Jacona, para visitar al P. Lázaro, trapense, que desbordaba de alegría al vernos, a la H. Clementina Acero, en una casa de espiritualidad, junto a un volcán, y al P. Antonio Tejedor, dominico, de Valoria del Alcor, que trabaja con otro palentino, el P. Crespo, desde hace medio siglo, en Puebla de los Ángeles.

En el Monasterio benedictino de los Bosques del Lago, “platicamos” con el P. Nicanor Flores, de Ventanilla, que también es párroco en la zona.

EN PERÚ

También aquí en esta nación andina, nuestro periplo fue largo. De Lima a Chiclayo, donde nos esperaba Eutiquiano Saldón y donde visitamos a las Carmelitas Descalzas y los barrios jóvenes en que se mueve la H. Josefina Cuadrado, en el difícil campo específico de las Adoratrices, y donde conocimos su universidad de Santo Toribio y el colegio de S. Agustín, camino de Pimentel, junto al mar.

De Chiclayo –aeropuerto internacional!- vuelo a Piura. Nos esperaba el Sr. Arzobispo y los sacerdotes de la misión regional Domingo y Antonio (santanderino) con un desayuno de 5 estrellas y la H. Quintina -fue nuestra primera visita-, decana de nuestros misioneros, nacida en Lantadilla. Próxima a los 100 años, sigue rezando y ofreciendo sus limitaciones por al Iglesia que peregrina en el Perú.

Pronto se unieron a nosotros Eloy y Daniel, que habían estrenado su Toyota, haciéndole el rodaje durante toda la noche.

Ya en su tierra, compartimos la tarea del sábado y del domingo con sus comunidades de Cerromocho, La Huaca y Pueblo Nuevo. Pasando por el puente Bolivar que comunica a unos con otros, a pie, puesto que el coche ha de quedar al lado de acá. La dedicación y entrega de estos misioneros a los grupos que tienen encomendados es todo un modelo de elevación de la vida humana y religiosa de niños, jóvenes y adultos.

De allí, regresamos a Lima para la convocatoria hecha a quienes moran en esta ciudad cubierta por el humo y la neblina. En la parroquia de S. Francisco Solano nos juntamos 15 palentinos. Jornada memorable por la convivencia y la comida en el jardín. El sol de la tarde, que nunca luce en esta metrópoli, se ocultó del todo a la hora de la celebración de la Eucaristía en la parroquia de Nª Sra. de Nazaret, regentada por Eulogio Herrán.

Celebramos, al día siguiente, la fiesta de la Virgen del Carmen con toda solemnidad, en Chincha Alta, parroquia de Nª Sra. de Fátima, amplio territorio (50.000 feligreses) confiado, desde hace 3 lustros, a Santiago Calle. Visita al Colegio parroquial, a las comunidades de base del entorno, a los jóvenes cursillistas de cristiandad, a los responsables de la Catequesis familiar y a los agentes de Pastoral de la salud..., que nos acompañaron después en la Eucaristía concelebrada en la que el amplio templo que resultó insuficiente para acoger a todos.

Fernando Crespo, al que visitamos en otro momento en la Universidad Católica, nos llevó a este lugar de Ica y, de regreso a Lima por la Panamericana, con mucha arena a los lados, nos comentó sus periódicos encuentros con todos los palentinos.

HASTA LOS ANDES

En el asalto final, vuelo al Cuzco. Nos esperaban allí el P. Giovanni, sacerdote palentino, y su Movimiento de los Siervos de los Pobres del Tercer Mundo. ¡Qué bendición de Dios para miles de niños de muy diversa índole y condición, siempre pobre, que encuentran en sus Hogares acogida, alimento, educación y cariño! La Obra me era conocida, pero me ha maravillado su crecimiento y su proyección, providenciales a toda luz.

Dos Hermanas Dominicas del Rosario, Rosario Castrillo, de Villanueva del Río, y Aurora Paredes, de Cisneros, comieron con nosotros ese día. Buena parte de las maestras que consiguen cada año su título se lo deben a su Escuela de Magisterio, que visitamos más tarde. El Hospital, familiar y entrañable, con 50 camas, de la Asociación Lumen Dei, también nos impresionó. En la Iglesia del Carmen de las MM. Carmelitas celebramos el domingo 20, con solemnidad y canto gregoriano, la Eucaristía final. Pidieron las Hermanas que saludáramos a sus Hermanas de Palencia y de Carrión.

Otro día, más información. Más vivencias. Y nuevas emociones, siempre fuertes.

+ Rafael Palmero
Obispo de Palencia

 
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