
Queridos
lectores de “Es la hora de la Misión”:
Quiero haceros partícipes con estas letras de una experiencia misionera
vivida recientemente. Con un centenar de misioneros y misioneras, en su
mayor parte palentinos, hemos convivido y hemos rezado en la 1ª quincena
de julio. En Méjico y Perú, lugares de nuestro encuentro
pastoral, siempre fraterno. Conmigo se ha movido día a día
Vicente Moreno, Delegado Diocesano de Misiones. Nos hace mucho bien esta
visita, a nosotros y a nuestras comunidades cristianas, repetían
algunos.
Desde las alturas, en viajes aéreos y por campos desérticos
frecuentemente y fértiles en ocasiones, hemos recorrido miles de
kilómetros para acercarnos, en ciudades y ranchos escondidos a
nuestros adelantados del Evangelio, sembradores infatigables de la semilla
del Reino...
EN MÉJICO
Ha sido la primera etapa de nuestro periplo. En el aeropuerto nos recibieron
los Heraldos del Evangelio, Félix García, Marista, José
Rodríguez, Capellán del Hospital Español y con el
que comimos dos días después, y una misionera seglar, Rosario.
Tras saludar a la Lupita en su basílica, el lugar más concurrido
por las peregrinaciones marianas, encontramos en el Distrito Federal –20
millones de habitantes- a hermanos y hermanas que conocer tanto el entorno
como su lugar de origen: Maristas, Pasionistas, Religiosas de los Sagrados
Corazones, Hermanitas de los Ancianos Desamparados, Teatinos astorganos...
Alguno de ellos, nos lo ha asegurado, acaricia el deseo, así nos
lo decía, de encontrarse ya más cerca del cielo que de su
lugar de origen.
Desde allí viajamos al Santuario de la 5ª Aparición,
en Tulpetlac, donde la Virgen curó a Juan Bernardino, tío
de S. Juan Diego. Visitamos a los Operarios del Reino de Cristo. Las Siervas
Guadalupanas de Cristo Sacerdote nos acogieron en su casa y nos acompañaron
a Jacona, para visitar al P. Lázaro, trapense, que desbordaba de
alegría al vernos, a la H. Clementina Acero, en una casa de espiritualidad,
junto a un volcán, y al P. Antonio Tejedor, dominico, de Valoria
del Alcor, que trabaja con otro palentino, el P. Crespo, desde hace medio
siglo, en Puebla de los Ángeles.
En el Monasterio benedictino de los Bosques del Lago, “platicamos”
con el P. Nicanor Flores, de Ventanilla, que también es párroco
en la zona.
EN PERÚ
También aquí en esta nación andina, nuestro periplo
fue largo. De Lima a Chiclayo, donde nos esperaba Eutiquiano Saldón
y donde visitamos a las Carmelitas Descalzas y los barrios jóvenes
en que se mueve la H. Josefina Cuadrado, en el difícil campo específico
de las Adoratrices, y donde conocimos su universidad de Santo Toribio
y el colegio de S. Agustín, camino de Pimentel, junto al mar.
De Chiclayo –aeropuerto internacional!- vuelo a Piura. Nos esperaba
el Sr. Arzobispo y los sacerdotes de la misión regional Domingo
y Antonio (santanderino) con un desayuno de 5 estrellas y la H. Quintina
-fue nuestra primera visita-, decana de nuestros misioneros, nacida en
Lantadilla. Próxima a los 100 años, sigue rezando y ofreciendo
sus limitaciones por al Iglesia que peregrina en el Perú.
Pronto se unieron a nosotros Eloy y Daniel, que habían estrenado
su Toyota, haciéndole el rodaje durante toda la noche.
Ya en su tierra, compartimos la tarea del sábado y del domingo
con sus comunidades de Cerromocho, La Huaca y Pueblo Nuevo. Pasando por
el puente Bolivar que comunica a unos con otros, a pie, puesto que el
coche ha de quedar al lado de acá. La dedicación y entrega
de estos misioneros a los grupos que tienen encomendados es todo un modelo
de elevación de la vida humana y religiosa de niños, jóvenes
y adultos.
De allí, regresamos a Lima para la convocatoria hecha a quienes
moran en esta ciudad cubierta por el humo y la neblina. En la parroquia
de S. Francisco Solano nos juntamos 15 palentinos. Jornada memorable por
la convivencia y la comida en el jardín. El sol de la tarde, que
nunca luce en esta metrópoli, se ocultó del todo a la hora
de la celebración de la Eucaristía en la parroquia de Nª
Sra. de Nazaret, regentada por Eulogio Herrán.
Celebramos, al día siguiente, la fiesta de la Virgen del Carmen
con toda solemnidad, en Chincha Alta, parroquia de Nª Sra. de Fátima,
amplio territorio (50.000 feligreses) confiado, desde hace 3 lustros,
a Santiago Calle. Visita al Colegio parroquial, a las comunidades de base
del entorno, a los jóvenes cursillistas de cristiandad, a los responsables
de la Catequesis familiar y a los agentes de Pastoral de la salud...,
que nos acompañaron después en la Eucaristía concelebrada
en la que el amplio templo que resultó insuficiente para acoger
a todos.
Fernando Crespo, al que visitamos en otro momento en la Universidad Católica,
nos llevó a este lugar de Ica y, de regreso a Lima por la Panamericana,
con mucha arena a los lados, nos comentó sus periódicos
encuentros con todos los palentinos.
HASTA LOS ANDES
En el asalto final, vuelo al Cuzco. Nos esperaban allí el P. Giovanni,
sacerdote palentino, y su Movimiento de los Siervos de los Pobres del
Tercer Mundo. ¡Qué bendición de Dios para miles de
niños de muy diversa índole y condición, siempre
pobre, que encuentran en sus Hogares acogida, alimento, educación
y cariño! La Obra me era conocida, pero me ha maravillado su crecimiento
y su proyección, providenciales a toda luz.
Dos Hermanas Dominicas del Rosario, Rosario Castrillo, de Villanueva del
Río, y Aurora Paredes, de Cisneros, comieron con nosotros ese día.
Buena parte de las maestras que consiguen cada año su título
se lo deben a su Escuela de Magisterio, que visitamos más tarde.
El Hospital, familiar y entrañable, con 50 camas, de la Asociación
Lumen Dei, también nos impresionó. En la Iglesia del Carmen
de las MM. Carmelitas celebramos el domingo 20, con solemnidad y canto
gregoriano, la Eucaristía final. Pidieron las Hermanas que saludáramos
a sus Hermanas de Palencia y de Carrión.
Otro día, más información. Más vivencias.
Y nuevas emociones, siempre fuertes.
+ Rafael Palmero
Obispo de Palencia
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