es la hora de la misión > Instituciones misioneras > Comisión Episcopal de Misiones

La Iglesia, para cumplir con mayor fidelidad y eficacia su responsabilidad misionera, ha confiado a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, desde hace tres siglos y medio, la dirección, la animación y coordinación, la evangelización y la cooperación misionera. De la misma manera, las Iglesias locales, tanto en el plano nacional con las respectivas Comisiones Episcopales de Misiones de las Conferencias Episcopales, como en el plano diocesano, tienen un cometido semejante al de la Congregación romana en su propio ámbito local o nacional. La responsabilidad de los obispos, en el marco de la Conferencia Episcopal (y de la Comisión Episcopal de Misiones), se concreta en la animación y cooperación misioneras: suscitando, promoviendo y dirigiendo la obra misional en sus diócesis, y haciendo presente y visible el espíritu y el celo misional del Pueblo de Dios, de suerte que toda la diócesis se hace misionera.

La Instrucción Cooperatio Missionalis (n. 11) de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos compete a la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias:

Sugerir y estimular iniciativas apropiadas para la educación misionera del clero, para ayudar a los Institutos Misioneros y para promover la conciencia misionera en las Iglesias particulares, de modo que los fieles se empeñen personalmente en la actividad ad gentes y se comprometan en la cooperación.

Promover en todas las diócesis las OMP, garantizando la identidad y la influencia efectiva de cada una de ellas, según los Estatutos.

Cuidar que todas las ofertas recogidas se pongan íntegramente a disposición del fondo común para las misiones en los Secretariado Generales de las OMP, a fin de garantizar una ecua y proporcionada distribución de ayudas a todas las Iglesias jóvenes y a todas las actividades relacionadas con la misión universal ad gentes.

Proponer a la Conferencia Episcopal la suma de la aportación económica que cada diócesis, en proporción de sus ingresos, debe dar cada año para la obra misionera, entregándola a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Esta contribución es necesaria, ya que las exigencias para el desarrollo de la misión son siempre crecientes, y las ofertas espontáneas de los fieles no son suficientes.

Cuidar que sean promovidas y armónicamente integradas todas las iniciativas de cooperación misionera, evitando que ninguna, en particular, perjudique a las otras, y salvaguardando siempre el carácter universal y prioritario de las OMP.

Suscitar y ordenar la colaboración de los Institutos de vida consagrada, así como de las sociedades de vida apostólica, con fin exclusivamente o incluso parcialmente misionero, ya sea para la formación y la animación misionera de los fieles o para la cooperación, en estrecha unión con las OMP. Bríndese, además, a estos institutos y sociedades la posibilidad de actuar también en favor de las obras propias, dentro de un justo orden y respetando las necesidades generales de la misión ad gentes. A éstos, en efecto, no sólo se les debe reconocer un comprobado empeño y una válida experiencia en el plano misionero, sino que, en virtud de su espíritu específico, se les debe reconocer también la idoneidad de proponer a los jóvenes una vocación ad vitam, que es justamente considerada el paradigma del empeño misionera de toda la Iglesia” (n. 11).

Optimizado para IExplorer 6.0 - 800x600 - © Copyright, Conferencia Episcopal Española