CONGRESO NACIONAL DE MISIONES  
ACTO INAUGURAL    


Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Carlos Amigo Vallejo
Arzobispo de Sevilla y
Presidente de la Comisión Episcopal de Misiones

D. Carlos Amigo"Un anuncio de Jesucristo y de su Evangelio que se limitara sólo al contexto europeo mostraría síntomas de una preocupante falta de esperanza. La obra de evangelización está animada por verdadera esperanza cristiana cuando se abre a horizontes universales, que llevan a ofrecer gratis a todos lo que se ha recibido también como don. La misión ad gentes se convierte así en expresión de una Iglesia forjada por el Evangelio de la esperanza, que se renueva y rejuvenece continuamente. Ésta ha sido la convicción de la Iglesia en Europa a lo largo de los siglos: innumerables grupos de misioneros y misioneras han anunciado el Evangelio de Jesucristo a las gentes de todo el mundo, yendo al encuentro de otros pueblos y civilizaciones.

El mismo ardor misionero debe animar a la Iglesia en la Europa de hoy. La disminución de presbíteros y personas consagradas en ciertos Países no ha de ser impedimento en ninguna Iglesia particular para que asuma las exigencias de la Iglesia universal. Cada una encontrará el modo de favorecer la preparación a la misión ad gentes, para responder así con generosidad al clamor que se eleva aún en muchos pueblos y naciones deseosas de conocer el Evangelio. En otros Continentes, particularmente Asia y África, las Comunidades eclesiales observan todavía a las Iglesias en Europa y esperan que sigan llevando a cabo su vocación misionera. Los cristianos en Europa no pueden renunciar a su historia" (Ecclesia in Europa 64).

Estas palabras de Juan Pablo II tendremos que unirlas a los importantes documentos misioneros que nos ha regalado la Iglesia en estos últimos tiempos. Desde esa carta magna sobre la evangelización del mundo contemporáneo, que es la exhortación Evangelii nuntiandi, de Pablo VI, hasta la encíclica Redemptoris missio, de Juan Pablo II, sobre la permanente validez del mandato misionero. También buscaremos, como documentos valiosos para nuestra orientación, la instrucción Cooperatio missionalis, (1-10-98), de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, y el documento La misión ad gentes y la Iglesia en España (24-6-01), de la Comisión Episcopal de Misiones de la Conferencia Episcopal Española.

Las misiones son un asunto de permanente actualidad en la Iglesia. Sin embargo, nos encontramos con una primera reflexión: parece que ha disminuido el interés por las misiones. No podemos, de todos modos y siguiendo sabias recomendaciones antiguas, dejar de mirar a Cristo más que a Adán; más la virtud que el pecado; más la redención que la ofensa; más el evangelio, buena noticia, que la claudicación ante la dificultad. Miraremos pues a Cristo y a la Iglesia. Recogeremos las mejores lecciones y testimonios del pasado y de nuestros días y seguiremos hacia el futuro con esperanza, más convencidos del fuerte impulso del Espíritu que de nuestras reales limitaciones.

Tendremos en cuenta, no tanto lo que puede valer nuestro encuentro, sino a quienes podemos ayudar y servir con nuestro trabajo. Y será buen la consigna, en todo el tiempo del Congreso, lo que decía el bienaventurado Juan XXIII: conviene no derrochar energías en discusiones interminables, y, so pretexto de lo mejor, se descuiden de realizar el bien que es posible y, por tanto, obligatorio.

Nos reunimos, pues, en el nombre del Señor que nos llama y nos envía, para ver la situación en la que nos encontramos; revisar los compromisos misioneros que incumben a nuestras Iglesias; para vivir el mandamiento del Señor; para recibir el testimonio de nuestros misioneros y misioneras y avanzar en la animación misionera y la cooperación con otras Iglesias.

Nuestro objetivo no puede ser otro que aquél que ha expresado Juan Pablo II: "El cometido fundamental de la Iglesia en todas las épocas y particularmente en la nuestra es dirigir la mirada del hombre, orientar la conciencia y la experiencia de toda la humanidad hacia el misterio de Cristo (RM 4).

"Es la hora de la misión" porque es la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Es nuestra respuesta a la situación en la que se encuentras los "pueblos, grupos humanos, contexto socio?culturales donde Cristo y su Evangelio no son conocidos, o donde faltan comunidades cristianas suficientemente maduras como para poder encarnar la fe en el propio ambiente y anunciarla a otros grupos" (RM 33). Los destinatarios nos son otros que todavía no conocen o están alejados de Cristo.

"¡Duc in altum! (Lc 5,4). Pedro y los primeros compañeros confiaron en la palabra de Cristo y echaron las redes (...) Esta palabra resuena también hoy para nosotros y nos invita a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a abrirnos con confianza al futuro: Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre (Hb 13,8)" (Novo millennio ineunte 1).

Echaremos de nuevo la redes por todos los mares de todas las naciones, pues nuestro trabajo no puede terminar hasta hacer de todos un solo pueblo: el Reino de Dios anunciado por Jesucristo.

Es la hora de la misión. Es el momento de celebrar un Congreso en el que la Iglesia del Señor que vive en España renueve su compromiso misionero, avalado por una historia admirable, y por el ejemplo de tantos y tantos verdaderos testigos del Señor como son los misioneros y misioneras que nos han precedido y los que ahora viven entre las gentes de todos los pueblos.

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