CONGRESO NACIONAL DE MISIONES 
EXPERIENCIAS    


P. Luis Ruiz, sj.
Misionero (Macao)

 

Soy un Jesuita nacido en Gijón el 21 de septiembre de 1913.

En 1930 ingrese en el Noviciado de Salamanca y, el año 1932, al disolverse la Compañía, fui expulsado de España. En Bélgica termine el Noviciado y los estudios de Humanidades y Filosofía. Después de los primeros votos, ya pedí y obtuve el ser destinado a la Misión de China. Debido a las convulsiones de guerras de aquel tiempo, fui enviado el año 1937 a Cuba, para los años de Magisterio.

En 1941, tuve, por fin, luz verde para poder viajar de la Habana a San Francisco y por barco, a Hawai, Japón, y Shanghai a donde llegue en Agosto de 1941, aprendiendo ingles en mi largo viaje por el Pacifico.

Inmediatamente, salí para Pekín para el estudio de dos años de chino Pero, sobrevino la guerra entre Japón y EEUU en el Pacifico, y me tuve que contentar con un año solo de chino, volviendo apresuradamente a Shanghai para los estudios de Teología, en medio de los bambardeos de los aviones americanos a las bases japonesas de Shanghai.

En 1945 me cayo el premio gordo con la ordenación sacerdotal de manos de un Obispo chino. A continuación hice la Tercera Probación en Wuhu, provincia de Anhwei.

En 1947 empecé mis trabajos como profesor de ingles en Anking y visitando los centros de misión a lo largo de la diócesis de Anking.

Caminaba a pie 60, 70 y hasta 80 Kilómetros, pues era el tiempo de la ocupación japonesa yen nuestra zona, no había transportes. Eran tiempos peligrosos, pues las guerrillas comunistas ya andaban por los alrededores.

En 1949 las tropas comunistas llegaron a Anking. Después de unos meses, en una sola mañana, no hallando cristianos que quisiesen acusar a los misioneros, cerraron el centro de la Misión de Anking, quedando en la cárcel los Padres responsables junto con el Arzobispo, Mgr. Melendro, y el Superior de la Misión. Los demás quedaron prisioneros en su propia casa.

En este tiempo, ocupándome de la huerta, cogí una tifoidea muy grave, y aunque estaba al cuidado de nuestro santo hermano enfermero, pero no tenia ni medico, ni medicinas. Al final, en septiembre de 1951, me permitieron trasladarme al Hospital de Shanghai. Una vez curado de la fiebre, tuve que salir expulsado de China, y el 1° de Noviembre de 1951 vine a Macao para recobrar la salud perdida.

MACAO. Nueva vida - Nueva Misión.

He aprendido a vivir de fe, con confianza ilimitada en El, apoyándome en aquello: <<Sin mi, nada puedes; pero conmigo, todo lo puedes>>. Y esto lo he experimentado todos los días en mis 52 años de Macao.

Macao en el año 1951, era colonia portuguesa, una ciudad muy pobre y con escasas decenas de millares de habitantes. Durante la guerra del Pacifico y ocupación de HongKong por los japoneses, Macao tuvo muchos refugiados; pero, terminada la contienda, se volvieron a HongKong. Los que en los años 1949 a 1951 iban llegando a Macao, eran los chinos del Norte, que huían de las tropas comunistas. Gentes que llegaban con lo que tenia puesto, sin lengua para comunicarse con los cantoneses, sin trabajo para vivir dignamente, sin escuelas para los niños; y, en medio de ellos, me encontré yo, con mi mandarín para poder comunicarme con ellos; pero también, sin dinero.

Empecé a encontrar contactos en Macao para obtener alimentos y, pronto, algunas organizaciones americanas comenzaron a enviarme arroz, Marina y otras cosas que fuimos repartiendo entre los refugiados. Se pensó en como encontrar algún trabajo para las familias que solo hablaban el chino mandarín.

Se encontraron unas maquinitas para fabricar medias de nylon pero, había que procurarles las maquinas y el material inicial. Pero con solo esto, ya empezaron a rehacer sus vidas. En aquellos años, yo hacia de todo, hasta de cargador de sacos de arroz, pero era feliz. Así me iba poniendo en contacto con muchos refugiados, encontrándoles casas viejas de renta muy baja y preocupándome de la educación de los niños que no podían frecuentar las escuelas tradicionales por falta de dinero o desconocimiento de cantones.

Fue el humilde nacimiento del hoy famoso <<Colegio Ricci>>: una gran casa de dos pisos al lado de la bahía yen posición envidiable. La mitad de la casa estaba habitada por una familia mexicana que accedió a mi petición de trasladarse a otro piso para poder abrir allí una escuelita para los niños refugiados. La familia mexicana acepto la idea y, en poco tiempo, la escuelita empezó a funcionar en mandarín. Todos los profesores eran también refugiados y sin trabajo. Recuerdo que el pago era de 3 patacas al mes, y el salario del profesor, de 60 patacas (unas 1360 Pts).

Se empezó, entonces, a organizar la distribución mensual de arroz, fideos y otros alimentos a fin de que los niños pudieran ir a la escuela no a trabajar para sus padres.

Con todo esto nuestra <<Casa Ricci>>, un sencillo viejo pabellón de dos pisos, bastante amplio, se fue haciendo famoso. En el segundo piso vivíamos los Padres misioneros venidos de China, y abajo, estaban las oficinas para auxiliar a los pobres. Este fue el principio de la <<Caritas>> de Macao.

Entre toda esta marabunta de actividades no hay que olvidar que nada mas llegar a Macao, quede admirado de encontrar al lado de mi casa una gran Iglesia cerrada, excepto los viernes, siendo así que ya había muy cerca un centro de refugiados portugueses de lengua inglesa sin ninguna atención espiritual. La gente de Macao no hablaba ingles. Así que solicite al Obispo que nos prestara la Iglesia para los refugiados portugueses y chinos, empezando enseguida los servicios religiosos para los refugiados portugueses y chinos; en ingles primero y, en mandarín, después. En 1952 teníamos organizada la catequesis nocturna en lengua mandarín en la <<Casa Ricci>>.

A este sistema, yo le llamo <<Evangelio de la Caridad>>: Como Cristo, que iba haciendo el bien por todas partes y luego anunciaba la buena nueva. Los primeros bautizados fueron en las Navidades de 1952, y el numero siguió creciendo llegando hasta a unos 5,000 bautizados que, luego, se han ido dispersándose por todo el mundo.
El numero de personas que querían conocer nuestra vida fue aumentando y se multiplicaron las clases y catequistas en la <<Casa Ricci>>, yendo en aumento con los años. En dar clases de catecismo por las noches era mi trabajo mas importante.

En medio de estas ocupaciones, un día se presenta en mi oficina un policía con unas 5 personas casi sin ropas. Habían llegado de China a Macao nadando o flotando en el río de las Perlas y me pedía que les ayudara. Este fue el comienzo de la operación <<Fuga>>. Todos los días por la mañana, llegaban grupos de grandes o pequeños enviados por la policía en busca de ropas, comida, refugio; y el Señor, por muchos años, nos consiguió todo eso.

En el distrito de Macao, llamado la Isla Verde, en donde vivían muchas familias de refugiados, encontré un caserón en donde les dábamos a los <<fugados>> todo lo necesario durante 15 días; pues todos los días iban llegando gentes nuevas. Algunos morían en la travesía.

Estos años, de 1955 a 1970, fueron muy felices, de mucha actividad caritativa: dando cuidados, sonrisas, amor a raudales y, a la noche, enseñan do el catecismo, dando a Cristo. Pero en 1969 a 1970 se acabo todo esto pues la política andaba por otros derroteros. China intervino en los problemas de Macao, y declaro a Macao territorio chino bajo solo administración portuguesa. Esto quería decir que ya no podía haber refugiados chinos en el territorio chino de Macao.

Los nadadores que llegaban a Macao ya eran refugiados ilegales a los que no se podía ayudar. Aunque, era claro que, para la caridad de Cristo, no había legales o ilegales. En la <<Casa Ricci>> continuamos las ayudas de alimentos, ropas, etc a las familias pobres y se socorría al necesitado, sin preguntar a donde venia.

Y fue entonces cuando me vino una inspiración de ayudar a la tercera edad, pues algunos refugiados llevaban 20 años en Macao y había entre ellos muchos ancianos. El viejo caserón de los refugiados, se convirtió así en el <<Asilo Betania>> para hombres; una casa que me regalaron, en <<Asilo Santa Maria>> para mujeres; el edificio viejo de una escuela, se convirtió en <<Asilo Carmo>> para hombres con problemas; y un dormitorio abandonado, en el embrión de lo que, años mas tarde, había de ser el <<Centro de San Luis>> para retardados mentales.

Todas estas iniciativas fueron secundadas por cristianos fervorosos que ayudaron a fundar y dirigir estas obras necesarias, dada la suma pobreza en que se vivía. El titulo de prioridad para entrar en estos centros y asilos era: <<No tener a nadie y no tener nada>> Mas con el tiempo, estas obras fueron mejorando, conforme la <<Caritas>> de Macao fue encontrando. Cooperación del gobierno. Solamente en 1989, el Señor me envió las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, fundadas por la Madre Rafols, que se han hecho cargo de estas obras con amor.

En 1975-76, aparecieron en Macao las primeras lanchas de refugiados vietnamitas. Fueron acogidos con cariño y el centro de San Luis empezó a cocinar para ellos, gracias a la ayuda que nos prestaba las Naciones Unidas. Estos refugiados fueron aceptados muy pronto en EEUU. Muchas lanchas, llenas a tope, continuaron llegando a Macao, y la policía descubrió que eran vietnamitas venidos de China, con lo cual ya no eran propiamente refugiados y las Naciones Unidas no les daban de comer.

Pero estos cientos de personas, que en momentos llegaron a 7,000, hacinados en sus barcas, eran personas humanas, estaban en mis manos y yo no podía dejar de alimentarlos. Con la ayuda de mis Asilos y creando cocinas para el arroz en el mismo embarcadero, se llego a darles dos comidas calientes diarias. El mayor problema era el repartir la comida entre aquella muchedumbre; pero la caridad llega a todo. Al final, un tifón destruyo las barcas y las pobres gentes tuvieron que saltar a tierra y dormir en el santo suelo, a la intemperie. Entonces, el gobierno tuvo que hacerse cargo del problema y se organizaron tres campos bajo nuestros cuidados. Con el tiempo, todos fueron aceptados por varios países.

En 1986, con ocasión del gran terremoto que asolo la provincia de Yunnan, volví a entrar en China. Al pasar por la provincia de Guangdong, me encontré con un santo y celoso sacerdote, el Padre Lino Wong, quien me introdujo en el mundo olvidado de los leprosos. Mi primera visita a la leprosería de TaiKam fue impresionante. Situada en una islita a una hora del continente, se llegaba a ella en un barquito de pesca y con un mar de gran oleaje. Yo iba preparado con cigarrillos para regalárselos. Llegados bien de mañana al desembarcadero, azotado por las olas, los 200 enfermos ya nos estaban esperando. Quería darles un apretón de manos, pero muchos no tenían manos, ni podían coger los cigarrillos que les ofrecía. Tuve que encender el cigarrillo en mi boca y pasarlo a la boca del leproso que después lo cogía, con los muñones. La impresión, muy triste. Les regalamos muchas cosas de comer y el consabido regalo chino, el sobrecito rojo con aguinaldo. Admire toda la miseria que se palpaba y sentí el abandono en que vivían alejados de todo contacto humano. Los empleados del gobierno, de bata blanca, se paseaban entre ellos, sin haber nada.

Celebre, al final, la Misa con el Padre Lino para un buen grupo de cristianos que rezaban y cantaban con fervor, y eso me lleno de consuelo. Hice después, mas tarde, varias visitas peligrosas a ese centro en lanchas <<voladoras>> y con mar gruesa y me hice amigo del Director del centro quien se quejaba de que nadie quería ir a trabajar allí. Yo le respondí: <<No me extraña. Pero yo tengo gente que quiere venir a trabajar aquí>> Se quedo muy admirado y me dijo: <<Envíemelas>> Yo le dije: <<Tengo 24 Hermanas Religiosas que trabajan conmigo en Macao. Páseles una invitación y vendrán>>.

El gobierno local paso una invitación y 4 Hermanas de la Caridad de Santa Ana, una de Sevilla, y 3 de la India, se sepultaron en aquella tristísima isla. En 5 años de oculta tarea, aquel centro sucio y abandonado con leprosos hambrientos, la peor de todas las leproserías de China, como me confeso un Doctor de Cantón, es hoy la mejor de todas: con pacientes alegres y felices, bien limpios, renovadas sus estructuras totalmente; bien vestidos y comidos, causando la admiración del gobierno que va mandando enfermos de otras leproserías a ese centro para ser curados en el. Ha sido el milagro del amor y la caridad. Este centro es ahora una irradiación de la Fe que con las obras penetra los corazones. Las conversiones se multiplican. <<Obras son amores>> Las palabras de Cristo: <<Si no creéis en mis palabras, creed en mis obras>>.

Entre visita y visita, fuimos recorriendo todas las leproserías de la provincia de Guangdong; algunas situadas en lugares imposibles. Solamente, por sendero de cabras, se llega hasta allí. Con sol o con agua, llevábamos consuelo, esperanza de una vida mejor; agua, electricidad, casas, prótesis, y, sobre todo, amor. En un momento dado, un Doctor muy estimado en China me encontró y me dijo que en el Nordeste de China los leprosos estaban mucho peor. Eso me dio animo para emprender la visita a esas regiones.

<<No hay mas que ver para comprender>> suelo yo repetir. Efectivamente, fui y quede espantado; no podía creer lo que estaba viendo. Las leproserías se hallaban bien lejos de las ciudades, a 30 o mas kilómetros, por caminos escabrosos o montañosos, sin agua para beber, sin electricidad, en casas derruidas; los pacientes vestidos con ropas andrajosas y recibiendo 30 Piastras chinas o 3.75 Euros por mes para comer y vivir, y, en el mejor de los casos, 60 Piastras o 7.50 Euros. Toda otra necesidad la tienen que extraer de la tierra con sus muñones, algunos enteramente sin manos ni piernas. Al ver esta visión, uno no puede quedarse cruzado de brazos y decirles: << Que Dios os ampare!!>>

Una leprosería esta al fondo de una caverna, como en el fondo de un tazón abierto en la montaña, sin camino para bajar y subir, solo existe hoy un vericueto a la vera de la montaña rocosa. Por allí baje con mucha dificultad para ver a los leprosos aun presentes y que hace 40 años fueron descendí dos hasta aquella fosa con cuerdas; y volví a subir, a mis 86 años, en un viacrucis de 30 estaciones. Llegue a la cima extenuado.

Realmente, repito, hay que ver para comprender y motivarse. Hoy estamos haciendo todo lo posible para cambiar las vidas, que no son vidas, de estos leprosos: trayéndoles agua y electricidad, renovando en lo posible el pueblo, haciendo casas nuevas para los imposibilitados y trayéndoles Hermanas Religiosas que dan amor, que es lo que mas necesitan. Ya tenemos, gracias a Dios, 12 centros con Hermanas.

Los últimos años, hemos ido recorriendo 13 provincias de China, visitan do mas de cien centros con 10,000 leprosos. Un día llegue a la puerta de una leprosería y me recibió un leproso que me saludo diciendo: <<Tengo hambre!>> Esta es la silenciosa tragedia de la mayor parte de las leproserías del Noroeste de China. Comer con 3.7 Euros o aun con 7 Euros, no es ni media comida; por eso <<Casa Ricci>> envía mensualmente 5 Euros a 6,000 enfermos para que puedan alimentarse. Una suma que equivale a 30,000 Euros al mes.

Las familias de los leprosos también tienen hijos que han ido creciendo sin educación y rechazados por la sociedad. Me han causado mucha pena. Así que empezamos a preocuparnos de ellos. Hoy ya hay 1,900 niños a quienes ayudamos a estudiar y a comer desde la escuela primaria hasta la universidad.

Es consolador leer la carta de un joven de familia leprosa que ya estudia en la Escuela Normal y que me escribe diciendo que desea ser <<ingeniero de almas>>, es decir, maestro.

Hay mucho trabajo aun por hacer y hay que pedir al Señor que continúe dando los medios materiales, con la fe y la confianza en su amor de Padre; y que nosotros seamos la luz de las gentes e instrumento creador de felicidad.

No hay nada mas feliz que hacer felices a los demás. Las autoridades chinas se quedan admiradas de la transformación que lleva a cabo el amor de las Hermanas a los enfermos. Y a nosotros, no nos queda mas remedio que volver a decir todos los días <<Gracias, Señor, por permitirnos estar en tu presencia y servirte>>. Hay que recordar las palabras del Señor: <<Me disteis de comer, de beber...>>

Al final, salta la pregunta de siempre: << Como ha hecho eso?>> Y mi respuesta sencilla es: <<No lo se, ni lo quiero saber. Me basta saber que lo esta haciendo el Señor>>.

Empecé mi apostolado con 200 Dólares de HongKong en el bolsillo. Un regalo mensual de un amigo de HongKong y con fe en la palabra de Jesús: <<Dad y se os clara>>, se llega al día de hoy en que <<Casa Ricci>> envía a los leprosos, a veces mas de 120.000 Euros al mes. Al dinero en Macao se llama <<agua>>; nuestro Buen Padre, que es también de todos los leprosos, hace llover todos los días, unas veces, muy fino, y otras veces lluvias torrenciales.

Todo esto es su trabajo. Para mi, es una alegría inmensa hacer feliz a la gente y, en la gente a Dios.

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