CONGRESO NACIONAL DE MISIONES 
EXPERIENCIAS    


H. Mª. Pilar Diéz Espelosín
Misionera de Jesús, María y José

 

Soy Misionera de Jesús María y José. Mi Congregación está presente en Rwanda desde 1970; yo fui enviada allí en 1972.

He sido invitada a este Congreso de Misionología para compartir con ustedes mi experiencia misionera en este país centro-africano y las perspectivas de evangelización que descubro, desde ella.

Tengo que confesarles que he asumido este cometido con cierto temor: no sé si podré responder a sus expectativas, porque he de basarme en sencillas experiencias personales del día a día y desde el propio carisma de sencillez de mi Congregación, sin grandes obras, pequeña y dedicada a servicios sencillos entre los pobres, los humildes, el tercer Mundo.

Comienzo por describir a grandes rasgos lo que fue:

I . - LA PRIMERA EVANGELIZACIÓN DE RWANDA (1900 –1917)

Los primeros misioneros – los Padres Blancos- llegaron a Rwanda en el año 1900; en esas fechas era una colonia alemana.

Comenzaron por ganarse la confianza del rey que, como es natural, los miraba con cierto recelo. Se instalaron en Save, no lejos de la corte y fundaron allí la primera parroquia o misión.

Tengo la impresión de que se adelantaron al decreto “Ad Gentes”. Supieron encarnarse, anunciar a Jesús, con la palabra, la catequesis, el ejemplo de sus vidas y el amor de sus obras, a favor del pueblo rwandés.

Poco a poco organizaron las catequesis, ayudados por los catequistas ugandeses que los acompañaban. En los años 1902-03 se celebraron los primeros bautizos; después los primeros matrimonios cristianos.

Los catecumenados fueron, además, centros de alfabetización de adultos y niños. Construyeron escuelas, que sirvieron de trampolín para la expansión del cristianismo en el pueblo rwandés y fueron organizando obras socio –caritativas, en respuesta a tantas necesidades como había. Estas obras, contribuyeron además a disminuir la desconfianza hacia los misioneros, haciendo ver poco a poco la diferencia entre éstos y los colonizadores.

Lo primeros misioneros y los que fueron llegando a principios de siglo XX, procedían de diferentes culturas europeas, muy distintas de las culturas africanas. Tuvieron que iniciarse en la lengua, la cultura y costumbres del país, haciendo un gran esfuerzo de adaptación y sobretodo de abnegación.

Antes de los 10 años, en 1909, llegaron la Misioneras de nuestra Señora de África, rama femenina de los Padres Blancos.

II. - ENRAIZAMIENTO DE LA FE CRISTIANA EN EL PUEBLO RWANDÉS

Signo que manifiesta el enraizamiento de la fe en un pueblo es el que los nativos tomen la antorcha del evangelio y puedan ser pronto sus propios evangelizadores. Es sorprendente lo sucedido en Rwanda. Muy pronto la Iglesia que está en Rwanda tomó la responsabilidad de si misma, con evangelizadores autóctonos, sacerdotes, religiosos y seglares. En 1952 tiene el primer obispo negro del África central y en 1956 se consagra al ultimo obispo misionero.

Presento en pocas líneas el florecer en vocaciones consagradas y de apóstoles seglares, como señal de este enraizamiento.

Las vocaciones consagradas

No habían transcurrido los diez años de su llegada y los Padres Blancos pudieron ya escoger, entre los primeros bautizados, a algunos jóvenes y enviarlos al seminario menor en Tanzania. Volvieron en 1913, al abrirse el primer seminario en Rwanda, que fue al mismo tiempo la primera institución de formación secundaria y superior de este país.

En el año 1917, fueron ordenados los dos primeros sacerdotes, fruto de las dos primeras parroquias. La ordenación de estos dos sacerdotes rwandeses es un signo bastante elocuente de la receptibilidad al Evangelio en los rwandeses: en los países vecinos, como Burundi, Congo y Uganda, se debió esperar más tiempo para tener los primeros sacerdotes.
El ritmo de las ordenaciones sacerdotales aumentaba progresivamente. En 1919 se confió ya una parroquia a sacerdotes autóctonos.

Las vocaciones surgían abundantes, tanto en hombres como en mujeres. Los Padres Blancos fueron buenos formadores de estas vocaciones, no sólo del clero secular, sino también de los religiosos.

En las décadas de los años 1910 y 1920 surgieron los Institutos Religiosos autóctonos: los Hermanos Josefitas -años 1912-1913-; las Hermanas Benebikira –“Hijas de María”-, poco después, y l956, un sacerdote rwandés, funda la Congregación de las Abizeramariya -“las que esperan en María”. Estas y las primeras, son ya misioneras en otros países.

A partir de 1929 fueron llegando misioneros y misioneras de diversos Institutos y Congregaciones Religiosas. Han llevado a cabo una intensa labor pastoral, de enseñanza, formación de la juventud rural, asistencia sanitaria y promoción humana. Su apoyo, en todos los sentidos, a la naciente iglesia rwandesa ha sido muy beneficioso.

Los apóstoles seglares

El pueblo rwandés, monoteísta en su primitiva religión, es muy religioso. Los primeros bautizados fueron creando familias cristinas con marcada espiritualidad. Los seglares comprometidos, catequistas y movimientos apostólicos se desarrollaron fácilmente, colaborando desde el primer momento en la acción pastoral, junto a los Sacerdotes, en parroquias, misiones, etc.

Quiero citar expresamente a los “INAMAS”, grupos de bautizados de la misma colina, con un responsable seglar al frente. Juntos rezan, escuchan la Palabra de Dios y comparten la fe, estudian los problemas que se les presentan de todo tipo, se animan y corrigen, desde el espíritu cristiano y se comprometen en acciones apostólicas, obras de misericordia con unos u otros, etc. Han tenido un papel evangelizador especial casi desde el principio. De los jóvenes de estos “Inamas” han salido animadores de los diversos movimientos apostólicos: JOC, Legión de María, Acción católica, etc.

Ellos son también un signo claro del enraizamiento del cristianismo en Rwanda.

III.- EL HOY DE LA IGLESIA EN RWANDA

Hoy tenemos 9 diócesis y en todas ellas el obispo es rwandés.

Cada diócesis cubre mas o menos 3000 kilómetros cuadrados.

Hay abundantes vocaciones sacerdotales y religiosas, y muchos cristianos comprometidos en los movimientos: carismáticos, Acción católica, las corales, grupos vocacionales, comunidades eclesiales de base, etc.

Pero a la vez, en estos en últimos tiempos, los acontecimientos trágicos que ha conocido Rwanda, desde la guerra de l990 hasta el genocidio del l994 y sus consecuencias, ha supuesto para esta Iglesia una difícil prueba.

Los enfrentamientos bélicos, los crímenes cometidos en unos u otros momentos, y las persecuciones han dejado tras de sí en el pueblo rwandés, de una y otra etnia, resentimientos y hasta odios interraciales, heridas muy profundas, sentimientos más o menos ocultos o subconscientes, muy difíciles de superar. Es una dura prueba que llevan también grabada en su carne los cristianos.

Estos dramas han desordenado la vida cristiana de los rwandeses. La iglesia ha sufrido muchísimo, no solamente en su personal, sino también en su organización. Son muchos los sacerdotes, religiosos/religiosas y seglares más comprometidos que han muerto, de una y otra raza; otros han huido, se encuentran aún encarcelados, o están marcados por unos u otros signos.

IV. - INTERROGANTES HACIA LA CALIDAD DE LA EVANGELIZACIÓN LLEVADA A CABO. ¿ESTÁ REALMENTE ENRAIZADO EL EVANGELIO?

Muchos se interrogan sobre la calidad de evangelización llevaba a cabo, ante los hechos sufridos en los últimos años; no pocos cristianos participaron en las masacres de 1994 y en las represalias y venganzas posteriores. Hasta algunos acusan a esta iglesia de no haber hecho nada por evitar estos acontecimientos. ¿Cómo compaginar estos comportamientos con las exigencias de la fe cristiana?

No es justo juzgar los frutos del cristianismo en Rwanda basándose únicamente, sobre el lado negativo de estos acontecimientos. Creo que podemos decir objetivamente del drama de 1994 que fue una sorpresa y momento de locura para muchos. Se debe considerar también que en estos acontecimientos tristes que se vivieron, bastantes de los que intervinieron no lo hicieron desde sus convicciones personales, sino presionados y dejándose llevar del miedo. Los verdaderos responsables hay que buscarlos entre las autoridades del momento.

En las situaciones posteriores se dan igualmente otros factores que deben tenerse en cuenta a la hora de emitir un juicio.

Yo descubro en medio de tantas sombras y de comportamientos negativos de los cristianos, actitudes y testimonios que realzan una fe vivida en profundidad.

Por ejemplo, algo que se dio con naturalidad y con frecuencia: la espontaneidad de los cristianos al refugiarse en las iglesias y en los conventos, esperando encontrar allí una protección segura, acudiendo a la oración y poniéndose en manos del Señor. Esto, ¿no es un testimonio de su fe en Dios? Podría hablar de muchos casos de aceptación con serenidad de la misma muerte.

Y, sobre todo, la muerte testimonial de bastantes cristianos, defendiendo a las personas amenazadas, llegando a perder su propia vida intentando salvar la de los otros. No hubo persecución religiosa, es cierto; no murieron “por ser cristianos” Pero murieron testimoniando su fe en Jesús y dando la vida por sus hermanos, como el Maestro.

Para mi fueron auténticos mártires, “aunque no tengan abierto proceso” ¿No es el fruto más perfecto de una auténtica evangelización, haber seguido hasta las últimas consecuencias el seguimiento de Jesús?

Quiero contarles uno de esos casos, del que puedo dar fe, porque conozco bien y directamente. Felicitas era una Auxiliar del Apostolado, Instituto Secular en Rwanda. En 1994 estaba como responsable de la formación de las jóvenes aspirantes a su Instituto, en Gisenyi.

Su hermano, coronel del ejercito rwandés, le llamo por teléfono porque consideraba que ella corría peligro de muerte. Le pidió que saliera de la Comunidad y se refugiara en otro lugar. Felicitas le respondió por escrito. La nota decía así:

“Hermano querido:

Gracias por querer ayudarme. Pero en lugar de salvar mi vida solamente, abandonando a las 43 personas que en estos momentos están a mi cargo, elijo morir con ellas. Pide por nosotras para que lleguemos a la Casa de Dios y di hasta la vista a nuestra anciana mamá y a nuestro hermano. Yo pediré por ti cuando llegue a la Casa del Padre. Pórtate bien. Muchas gracias por haber pensado en mi. Y si Dios nos salva como esperamos, nos veremos mañana.
Tu hermana Felicitas”.

Durante los días siguientes siguió salvando a cuantas personas pudo haciéndoles pasar la frontera. Su casa esta situada a unos cuantos metros del Congo.

El 21 de abril de 1994 los milicianos vinieron a buscarles para llevarles en camión al cementerio. En ese momento Felicitas dijo a sus hermanas: “¡Este es el momento de dar nuestro testimonio! ¡Vamos!”

Se montaron en el camión cantando y rezando. Cuando llegaron al cementerio las fosas estaban ya hechas. Los asesinos temían al coronel, y querían salvarla. Uno de ellos le dijo: “¿Tú no tienes miedo de morir? Vas a ver que esto va en serio; te mataremos la última.”

Fueron siendo asesinadas con bala, probablemente por respeto... Todavía una vez más quisieron salvarla. Felicitas les dijo: “No tengo ya razón de vivir, puesto que habéis matado a todas mis hermanas.” Fueron treinta y con ella treinta y una.

Su hermano el coronel llegó cuando ya les habían echado, desnudas, en la fosa común. Él hizo abrir la fosa, se buscó ropa y después enterró a su hermana pronunciando estas palabras: “Has elegido morir. Pide ahora por nosotros”.

Y como éste, los misioneros y misioneras podemos dar bastantes testimonios de entrega de la vida, de generosidad hasta el heroísmo, de auténtico perdón cristiano...

V. - PERSPECTIVA DE FUTURO. SIGNOS DE ALIENTO Y ESPERANZA

Aunque sean grandes las dificultades para la Iglesia en Rwanda, creo que hay muchos signos de aliento y razones suficientes para un futuro esperanzador. Cito las que para mí tiene mayor fuerza:

La sangre de estos mártires es promesa de fruto futuro.

La fe con que este pueblo se dirige a Dios, ora, sufre y espera.

Los muchos cristianos ejemplares que, en circunstancias muy difíciles, siguen dando testimonio de su fe, y los que se esfuerzan en compromisos apostólicos.

Las apariciones de la Virgen en Kibeho, - aprobadas por la Iglesia el 29 del 06 del 2002- centro revitalizante de la fe y estímulo de devoción mariana, con cuanto esto significa en un pueblo que sufre tantas situaciones de pobreza y de injusticia.

El relanzamiento de una nueva pastoral para el segundo centenario del cristianismo en Rwanda, como fruto de la celebración del Sínodo especial sobre el etnismo, organizado en 1999 para preparar la fiesta del primer centenario de la evangelización en Rwanda y del jubileo del año 2000.

Las Congregaciones Misioneras que acompañan, apoyan y ayudan al pueblo rwandés a reanimar su fe, su esperanza, y abrir nuevos caminos.

VI. - COMO LOS MISIONEROS ACOMPAÑAMOS Y APOYAMOS EL CAMINAR DE LA IGLESIA EN RWANDA

Hablo de mi experiencia personal y congregacional. Pero cuanto expongo creo que refleja, en sus líneas generales, el sentir de todos los misioneros/as, y lo que es nuestro acompañamiento y apoyo a la Iglesia en Rwanda, en los primeros años del tercer milenio.

Me sé enviada por la Iglesia, a través de mi Congregación a un pueblo que sufre y a una Iglesia que aún sigue dando primeros pasos en su Historia de Salvación.

Mi forma de acompañar y vivir en este Iglesia, “mi misión”, no es ni puede ser otra que la de Cristo, prolongada en mí como su instrumento, y bajo lo más especifico de mi vocación como Misionera de Jesús María y José, que es: “evangelizar y acoger desde la misericordia, en actitud de servicio y entrega incondicional a los pobres y más necesitados, siendo pobre entre los pobres, viviendo en fraternidad y estando atenta a los signos de los tiempos.”.

Esto quiere decir: presencia de la ternura de Dios, de su misericordia que se hace encarnación, cercanía, mano tendida, palabra cercana, vida compartida, entregada. ¡Bien queda reflejado en su presentación en Nazaret! (Lucas 4,18-21)

En concreto, la forma de cómo lo llevo acabo la resumiría así:

  1. Me descubro injertada en Rwanda, “rwandesa de corazón” Amo y comparto la vida con este pueblo y hago mías todas sus realidades. Sufro y gozo con ellos.
  2. Me siento llamada a ayudarles en cuanto esté en mis manos: con la escucha, la palabra de esperanza, el consejo, la orientación o el servicio que en cada momento pueda prestarles, al estilo de Jesús, “ el Buen Samaritano” que se compadeció de los quedaban al borde del camino; de los que pasaban hambre, o estaban heridos, “maltrechos”.

    Mis hermanas de la misión de Kayenzi han podido volver a emprender diferentes acciones en labor asistencial y promoción humano-social, tras regresar a Rwanda en 1995. Yo desde mi nuevo destino, en Casa de Formación, hago cuanto puedo, ante tanta miseria y sufrimiento humano como me rodea, sin obras asistenciales concretas, pero sí a través de cuantas maneras están en mi alcance y por cuantos medios llegan a mis manos.
  3. También me siento llamada a ser interrogante, reto y despertar de conciencia ante las injusticias, ya que no podemos “ser denuncia”, si queremos permanecer junto a los que sufren. Y así lo hago en todas las ocasiones que tengo; no son pocas.
  4. En las actuales circunstancias nuestro compromiso especial, el mío y el de todos los misioneros/as ha de estar en “SER INSTRUMENTOS DE RECONCILIACIÓN, en un pueblo divido por las etnias y los enfriamientos, y SEMBRAR PAZ, CONFIANZA, ESPERANZA.

    Sabemos bien que ésta es la mejor ayuda que podemos prestar a la Iglesia en Rwanda, la que más necesita de nosotros. Pero amar, comprender y apoyar a todos no es fácil tampoco para nosotros, cuando hacemos nuestro el dolor real de las injusticias, que palpamos tan de cerca.
  5. Me esfuerzo en colaborar y apoyar la formación de las jóvenes vocaciones nativas. Ellas son las que han de coger la antorcha, tomar el relevo. Lo hago con el ejemplo de mi vida, de mi amor al Señor y a los hermanos y transmitiéndoles, como puedo, lo que yo voy descubriendo y viviendo.

Esto es lo que yo quería compartir con vds. Les pido nos apoyen con su oración, para que podamos seguir acompañando al pueblo rwandés en su caminar.

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