CONGRESO NACIONAL DE MISIONES 
ACTO DE CLAUSURA    

Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Carlos Amigo Vallejo,
Arzobispo de Sevilla y
presidente de la Comisión Episcopal de Misiones

Al finalizar este Congreso Nacional de Misiones tenemos que decir que la misión ad gentes, las misiones, no son aquello en lo que nos hemos ocupado, sino espíritu del amor a Jesucristo que vive en nosotros y nos impulsa a llevar su nombre a todos los pueblos.

Pero, una vez más resuenan las palabras Juan Pablo II: "Debemos ser conscientes de que no será posible reclamar una eficaz obra de evangelización sin relanzar el ímpetu misionero de nuestras comunidades cristianas". Con estas palabras se dirigía el Papa a los participantes en el VI Simposio de las Conferencias episcopales europeas (11-10-85).

Pues, "La misión de Cristo Redentor, confiada a la Iglesia, está aún lejos de cumplirse. A finales del segundo milenio después de su venida, una mirada global a la humanidad demuestra que esta misión se halla todavía en los comienzos y que debemos comprometemos con todas nuestras energías en su servicio". Estas palabras de Juan Pablo II, con las que inicia la encíclica Redemptoris missio, indican la oportunidad de la carta y la urgencia de la actividad misionera y la oportunidad de este Congreso que ahora clausuramos.

Algunas lecciones, quizás un tanto olvidadas, las hemos vuelto a repasar estos días. También hemos podido revisar el grado de vitalidad y eclesialidad de nuestras comunidades cristianas confrontámdolo con el interés por lo misionero.

Hemos vibrado con los mejores sentimientos de fidelidad a Cristo y en el deseo evangelizador al contemplar el admirable testimonio de tantos misioneros y misioneras, no solamente aquellos que nos han acompañados estos día, sino esos 20.000 hermanos y hermanas salidos de nuestras Iglesias particulares y repartidos ahora por todo el mundo.

Nos hemos podido, en fin, confirmar en el convencimiento de que es imprescindible en nuestras Iglesia el impulsar la acción misionera. Que la misión ad gentes sigue siendo necesaria, prioritaria y urgente. Que se necesitan motivaciones y estímulos que llenen de entusiasmo a las nuevas generaciones, pues es necesario el relevo misionero con nuevas vocaciones.

Sean dadas gracias a Dios, dador de todo bien, y a Jesucristo, y a la Virgen María. Y también a la Conferencia Episcopal Española que nos ha convocado a este Congreso. Al Nuncio de Su Santidad, que nos ha traído la bendición y la presencia del Santo Padre. Así como al Arzobispo de Burgos, que con tanta benevolencia nos ha acogido. A las autoridades e instituciones que nos ayudaron con su apoyo y con los recursos que necesitábamos. A los ponentes y a todos los que han participado con su sabiduría y con su testimonio. A tantos y tantos colaboradores, unos bien conocidos, otros en la discreción de un trabajo tan escondido como eficaz.

De una manera particular, la gratitud y reconocimiento a don Anastasio Gil García, Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Misiones y Secretario general de este Congreso, por el ingente trabajo realizado y por el espíritu de generosidad que ha tenido en todo momento. Junto a él, Don Alejandro García González, Delegado Diocesano de Misiones de la diócesis de Burgos y a todos sus colaboradores.

Muchas gracias a todos y que Dios, con la insondable abundancia de su generosidad, os lo premie.

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